Había sido un día muy largo, por la mañana solo deseaba que el día avanzara hasta ese momento, y por fin llego. Estaba algo cansada pero mis nervios junto con millones de mariposas revoloteando por mi estomago no daban tregua.
Mientras la pareja sentada a mi lado organizaba y discutía los pormenores de su viaje, montones de preguntas se agolpaban en mi cabeza...que haremos? donde iremos? habrá cambiado? que esperar de todo esto?
Nada más sentir el avión tocando suelo irlandés un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, las mariposas hicieron acto de presencia de nuevo en mi hambriento estomago.
El avión llego con retraso, esperaba que no se hubiera cansado de esperar, o pensara que en el ultimo momento me había arrepentido.
Recorrí infinidad de pasillos arrastrando la maleta hasta que por fin vi a lo lejos la puerta de salida. Veía a la gente salir al encuentro de sus seres queridos y abrazarse, saludarse.
En ese momento, quieta en mitad del pasillo, me di cuenta que, una vez atravesara esa puerta quizás muchas cosas cambiaran en mi...aun no sabia si para bien o para mal, pero sabia que cambiaría.
Observe mi reflejo en el cristal y ahí estaba yo, en Dublín, dispuesta a todo. Por un momento me sentí vulnerable. Retoque mi pelo, mi cara algo cansada...y con mirada segura asentí ante el cristal y cruce aquella muralla.
Empecé a mirar por todas partes y volvieron a mi memoria sus ultimas palabras "sal y allí estaré", empecé a pensar que se trataba de una broma, después de un rato observando a gente desconocida, empezaba a agitarme por la desesperación cuando un chico alto, moreno, con cierto aire despistado, con su barba de dos días y muy abrigado apareció detrás de un señor, sin lugar a dudas, era EL. Respire aliviada, sonreí con cierta timidez y me dirigí hacia el mientras me miraba con sonrisa picara...esa que había echado tanto de menos...le abrace como si una gran ventisca posada sobre nosotros quisiera alejarlo de mi.
Había esperado tantos meses ese momento...me sentía un poco torpe, supongo que serian los nervios, pero mi corazón parecía desbocarse a cada movimiento.
Recorrimos Dublín en esos geniales autobuses de dos plantas, conversamos, bebimos cerveza hasta que el cuerpo (algo cansado) aguanto, hicimos el amor como si nuestros cuerpos nunca antes se hubieran rozado, descubriendo cada palmo, aprovechando cada minuto, cada segundo, queriendo hacerlo eterno...
Y asi...sin quererlo, emprendimos una lucha o un camino, a caballo entre ilusión o destino.
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